La amplia brecha entre el precio de origen y el precio final 

La Confederación Argentina de Mediana Empresa (CAME) es una entidad sin fines de lucro de referencia en la República Argentina para las PYMES por su representación gremial empresaria y por la prestación de servicios en todas sus ramas. A su vez, incorpora tecnologías y formula e implementa alianzas estratégicas con entidades educativas y con el sector público.
Por su parte, CAME comenzó a elaborar un índice de Precios en Origen y Destino, IPOD, a partir del mes de agosto del corriente año, a los efectos de conocer las diferencias en el precio que se pagan por algunos productos alimentarios en el campo y en el mercado de consumo: se relevaron la ciudad de Buenos Aires, provincia de Buenos Aires, Corrientes, Córdoba, Entre Ríos, Santa Fe, Mendoza y Neuquén. El resultado injustificado y ridículo no se dejó esperar ya que la brecha entre lo que paga el consumidor y lo que cobra el productor es amplia en la mayoría de los productos agropecuarios: para una canasta de veinte alimentos agropecuarios,  la relación entre el precio que pagó el consumidor en góndola y lo que recibió el productor en el campo resultó de 8,01 veces.
Los beneficios excesivos de la cadena de intermediarios  no sólo evidencian la obtención de una muy buena parte de la renta parasitaria, sino también la concentración de las ventas y la falta de mercados regionales alternativos. La crisis que atraviesan muchas economías regionales es provocada principalmente por este desfasaje de precios que remarcan los actores últimos de la cadena de comercialización de los productos agropecuarios: las góndolas.
Esta nueva herramienta, el IPOD, evidencia elevadas desproporciones de precio (sin explicaciones razonables) con riesgo de ir ensanchándose la distorsión, ya que mientras los precios que paga el consumidor por las frutas y verduras continúan subiendo, los que recibe el productor por esos productos se mantienen estables o caen, con grave riesgo para las economías regionales.
Es más que imperioso conocer las verdaderas causas por las cuales suben los precios de algunos productos alimenticios ya que las mismas son muy simples: el monopolio de la reventa (aniquilando competencia alguna) y el abuso de estos intermediarios parasitarios (porque no agregan valor) para con el consumidor y con el productor, remarcando los precios a su antojo.
¿Dónde encaja, en este escenario, la suba de precios por “emisión de billetes” y “despilfarro en planes sociales” por parte del Estado? Seamos sensatos; es mucho más fácil de lo que parece: la suba de precio indiscriminada está en manos de los grandes empresarios que actúan en el último eslabón de la cadena de comercialización y, para regular semejante descalabro, este Gobierno es el único con propuestas serias y acciones concretas, medidas que ya todos conocemos pero que es necesario que el pueblo las actualice y haga valer como verdaderos derechos del consumidor, como lo son los precios cuidados, consumo protegido y la nueva ley de producción y comercialización de productos sancionada el año pasado. La diferencia de comprar a uno y de vender a ocho habla por sí sola. Defendamos lo conquistado y no dejemos que sigan mintiendo para proteger la renta extraordinaria de unos pocos.